Editorial

Estados Unidos elimina beneficios migratorios a haitianos y prohíbe su entrada


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En un giro drástico de la política migratoria estadounidense, el presidente Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva que pone fin al programa de “parole humanitario”, medida que durante la administración de Joe Biden permitió la entrada legal a más de 500,000 migrantes provenientes de Cuba, Nicaragua, Haití y Venezuela. Esta figura legal, conocida como “parole”, otorga un permiso temporal para ingresar o permanecer en territorio estadounidense bajo circunstancias excepcionales.

Además, el presidente Trump ha incluido a los ciudadanos haitianos dentro del listado de nacionales de más de diez países a quienes se les prohíbe expresamente el ingreso a suelo norteamericano.

Frente a este escenario, es inevitable cuestionarse: ¿Dónde están ahora las voces de la ONU, de la OEA, ONG, periodistas y de tantas organizaciones nacionales e internacionales que no han dudado en señalar a la República Dominicana cada vez que ejerce su legítimo derecho a regular su frontera? ¿Por qué este silencio cómplice ante una decisión tan contundente del gobierno estadounidense? ¿Por qué el dedo acusador siempre apunta hacia el este de la isla, cuando los grandes actores del escenario internacional toman decisiones aún más severas sin que se les reproche?

Es claro que para algunos organismos es más fácil presionar a una nación pequeña como la nuestra, pretendiendo que carguemos con un problema que tiene raíces históricas, sociales y políticas profundas, y cuya solución no puede ni debe descansar sobre los hombros del pueblo dominicano. ¡Basta ya de cinismo! ¡Basta ya de convertir a la República Dominicana en el chivo expiatorio de una crisis que no ha provocado!

La patria de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y de tantos valientes que ofrendaron sus vidas por la libertad y la soberanía nacional no puede seguir siendo usada como terreno de descarga para los fracasos del Estado haitiano ni como excusa para la inacción de la comunidad internacional.

¡Que lo sepa el mundo entero! La República Dominicana es una nación libre, soberana e indivisible. ¡Y es para los dominicanos!, ¡Basta ya de hipocresía internacional!
La República Dominicana no es el patio trasero de nadie. ¡Somos una nación libre y soberana!

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