Cultura Sociedad

La realidad dominicana en los cuentos de Luis R. Santos


Escuchando artículo…
0:00 / 0:00

Leer a Santos es más que un ejercicio literario, es una invitación a mirar la realidad con ojos críticos y empáticos. Sus cuentos no ofrecen consuelo fácil ni finales felices forzados, pero sí nos regalan una verdad necesaria.

Los cuentos de Luis R. Santos reflejan la cotidianidad dominicana; con un lenguaje sencillo y directo, logra conectar con el lector, mostrándole escenas que evocan la vida común del país con un estilo que atrapa desde el inicio. Sus historias van más allá de lo anecdótico, buscando dejar una impresión duradera y resaltando aspectos culturales, sociales y humanos de forma cercana y realista.

En su cuento “El nombramiento”, el autor aborda la política como tema central. Trata de un hombre que, tras trabajar arduamente para un partido que finalmente gana las elecciones, vive con la esperanza de alcanzar un alto puesto en el gobierno. Su esposa, desconfiada de los políticos, se burla de él al no ver concretarse su nombramiento. Además, el protagonista había hecho promesas a algunos militantes que abandonaron su partido para unirse al suyo, confirmando que para ganar elecciones hay que mentir y crear falsas ilusiones. Al hombre también le hablaban tantas mentiras y posponían la fecha del nombramiento, a tal punto que el cuento termina y nunca lo logra, situaciones muy evidentes en este país:

● «Te lo dije, voy a conseguir mi nombramiento, dentro de una semana, a más tardar.»

● «Ojalá, sabes que yo no confío mucho en los políticos.»

● «Sigue de iluso creyendo en políticos.»

● «Sin falta, eso estará dentro de tres días, me dijo. Esperé.»

● «Licenciado, no se desespere, que su nombramiento va a estar listo, a más tardar, en un par de semanas.»

Por otro lado está «Días de carnaval», un cuento que refleja el miedo de un joven con preferencias sexuales diversas y relata su historia durante el funeral de su padre. Desde pequeño se sentía inclinado a lo femenino, le gustaba jugar con muñecas y la cocina de su hermana mayor, hasta que su padre se enteró. Ahí comenzó su tortuoso sendero de vida. Su padre lo obligaba a subir al lomo de un caballo y luego lo llevaba a un río, donde lo sumergía en lo más profundo, repitiéndole cada vez que él era un hombre.

(…)

También está «Tienes que matar el perro», donde una mujer le exige a su esposo que decida entre ella y el perro, puesto que el animal se orinaba en la alfombra de la sala y defecaba debajo de la mesa del comedor. El hombre se ve en la difícil decisión de matar al perro o divorciarse de la mujer que amaba. Varias veces intentó deshacerse del perro, pero el afecto que sentía hacia él no se lo permitía, por lo que su mujer pensaba que era un cobarde. La historia termina con cierta intriga, ya que parece que mató al perro, pero por la reacción de la mujer, da la impresión de que no. Aunque el perro hacía cosas que a la mujer no le agradaban, la idea tan obsesiva y retorcida de que tenía que matarlo cuando había otras soluciones resulta inquietante:

● «El perro o yo», le dijo su mujer tan pronto penetró en la casa.

● Dos horas después, la mujer escuchó el sonido de una cadena que se arrastraba por el patio de la casa. Maldijo al hombre por su cobardía y decidió esperarlo sentada en la galería para reprenderlo, como era su costumbre.

En «La invasora», nos encontramos con una mujer mayor, solitaria y estricta, cuya vida comienza a cambiar tras la llegada de Livia, su criada. Livia llega muy sumisa, pero después de que la señora empieza a pedirle cosas, todo cambia: comienza a hacer cosas que causan desagrado delante de su señora, como cambiar sus recetas, tomar su auto, usar su jacuzzi, hasta el uso de inciensos que, según sus creencias, podían espantar los malos espíritus.

La señora, después de querer despedirla en muchas ocasiones, termina aceptando a su criada, quien la ayuda a aceptarse, a no sentirse sola y a ser mejor persona. Este cuento muestra cómo la discriminación, la desconfianza y el menosprecio pueden impedirnos compartir con personas de otra raza que al final pueden brindarnos más de lo que imaginamos:

● «¡Livia, pero qué atrevimiento es éste! Sal, ve a tu cuarto y recoge tus cosas. ¡Estás botada!»

● «Livia me ayudó a superar ese absurdo miedo que siempre sentí a que me vieran desnuda.»

Mientras que “La vida está del otro lado”, navega entre la migración y la corrupción. Trata de un haitiano llamado Jean Bonet que decide venir a República Dominicana con la esperanza de mejorar el estilo de vida de su familia, puesto que la situación de Haití es muy precaria. Luego de vender su casa y pagarles a los militares para que lo lleven a Santo Domingo, logra establecerse y es cuando manda a buscar a su familia.

Con toda la ilusión y los mejores planes al reunirse con su familia, se enfrenta a la terrible situación de que cuando su familia se dirige a encontrarlo, él y otros haitianos son deportados. Ahí la tristeza se apodera de esta historia: Jean Bonet termina muerto y su familia desamparada sin encontrar alojamiento:

● «La idea era dejarla a ella y a los niños en casa de sus suegros hasta que él pudiera mandar dinero para que emprendieran el viaje hacia el otro lado, donde estaba la vida.»

● «Intentó escapar y nos vimos precisados a dispararle», dijo uno de los soldados.

● «Y ha muerto», dijo el otro.

El último cuento escogido es «El chequeador de carteras», que trata de un hombre que trabaja como chofer en la casa de la señora Álvarez, quien había matado, robado y no había estado en la cárcel. Luego de ganarse la confianza en aquella casa, planea robarla junto a Misuá, la doméstica haitiana de la casa. La señora le ordena revisar la cartera de la sirvienta cada vez que saliera de la casa. El día que se lleva las joyas, la deja pasar como si nada, según lo tenían planeado, y en el punto de encuentro para dividir lo robado, Misuá lo entrega a la policía:

● «Misuá y yo empezamos a planear el robo a los cinco años de estar trabajando juntos.»

● «La maldita me vendió. Por eso es que no se puede creer en haitianos.»

Luis R. Santos construye, en sus cuentos, un retrato honesto y penetrante de la sociedad dominicana. A través de situaciones cotidianas que esconden profundas tensiones sociales, su narrativa revela las múltiples formas en que la desigualdad, la discriminación, la corrupción y los prejuicios afectan la vida de los más vulnerables.

Cada cuento nos confronta con realidades que muchas veces se ignoran u ocultan, utilizando personajes marcados por el conflicto interno, la lucha por la dignidad y el deseo de libertad.

La fuerza de su obra radica en su capacidad para combinar lo íntimo con lo colectivo, lo personal con lo político. Sus personajes no solo cuentan historias, sino que encarnan dilemas humanos universales, desde la identidad de género reprimida en «Días de carnaval» hasta la traición disfrazada de complicidad en «El chequeador de carteras». En «La invasora», se desmantelan prejuicios raciales y de clase a través de una convivencia inesperada, mientras que «La vida está del otro lado» nos lanza de lleno al drama de la migración y la exclusión.

Leer a Santos es más que un ejercicio literario, es una invitación a mirar la realidad con ojos críticos y empáticos. Sus cuentos no ofrecen consuelo fácil ni finales felices forzados, pero sí nos regalan una verdad necesaria. En un país donde muchas de las situaciones que retrata siguen ocurriendo, su literatura actúa como una llamada a la conciencia, a la memoria y al cambio.

Cada historia es una motivación para reflexionar, entender y, sobre todo, transformar la realidad que compartimos.

______

El autor es estudiante de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. 

 

Salir de la versión móvil