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“Los libros de la escritora y filósofa Ayn Rand despertaron al matemático en mí”


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Juan Luis es un matemático dominicano de 33 años, especializado en Ciencias de la Computación. Amante de los libros e incansable lector, asegura que las obras literarias y filosóficas de la escritora rusoestadounidense Ayn Rand le permitieron darse cuenta de su capacidad para pensar de manera lógica y descubrir su curiosidad sobre el mundo de los números; que aumentó al aprender sobre la vida del matemático ruso Georg Cantor, quien postuló que los infinitos tienen tamaño y jerarquía. Vargas Molina es el inventor de Factorn, novedosa tecnología criptográfica por la que recibió US$100,000 por parte de Coinbase, la mayor plataforma de criptomonedas de Estados Unidos; y trabajó para la Agencia de Seguridad Nacional de ese país. Será postulado por la Fundación Naar al Premio Nacional de la Juventud 2025 y a la séptima edición del Premio al Emigrante Dominicano Sr. Óscar de la Renta.

¿Cuál fue su primer acercamiento al mundo de los números?

Empecé a darme cuenta de la importancia de los números a los cinco o seis años, cuando me percaté de que mi papá, el agricultor José Bolívar Vargas, tiene el superpoder de contar al ojo, sin tocarlos, los plátanos agrupados en grandes montones. En mi campo, El Naranjal, de Cutupú, La Vega, la gente lo felicitaba por esa rara habilidad suya.

¿Dónde se formó usted como matemático e informático?
Todo comenzó cuando, en Santo Domingo, la arquitecta Rosa Molina, mi tía, hizo hasta lo imposible por enseñarme las tablas de multiplicar; y mi tío, el ingeniero Pedro Molina, comenzó a prestarme su computadora, una que yo descomponía a menudo por “punchar” el sistema operativo MS-DOS. Hasta entonces, yo había sido muy mal estudiante; pero las cosas comenzaron a cambiar: no es que las matemáticas y la informática comenzaran a ser fáciles; pero mi curiosidad por ellas aumentó y preguntaba con insistencia lo que otros niños cuestionarían años después. Me gradué en la Universidad de Charlotte, en Carolina del Norte, EE. UU., como licenciado en Matemáticas especializado en Ciencias de la Computación. Posteriormente, gané la beca de posgrado conocida como “NSF RTG Graduate Student Fellowship”, del Programa de Matemáticas de la Universidad de Georgia.

¿Cuáles libros han transformado su vida?
En el verano de 2007, leí varios libros que me reorganizaron la mente. Uno de ellos, The Ultimate Secrets of Total Self-Confidence, (Los secretos definitivos de la confianza total), del doctor Robert Anthony, hizo que me dejaran de importar las evaluaciones académicas. Paradójicamente, cuando empecé a dar lo mejor de mí sin pensar en las notas, mi desempeño mejoró y comencé a obtener “A” en todas las materias.

¿Cómo ha incidido la escritora y filósofa rusoestadounidense Ayn Rand en su forma de interpretar la realidad y verse a sí mismo dentro de ella?
Yo tenía 16 o 17 años, cuando devoré cuatro libros de Ayn Rand que definieron mi formación: We the Living (Nosotros los vivientes, su novela más autobiográfica), Atlas Shrugged (La rebelión de Atlas), Anthem (Himno) y The Fountainhead (El manantial). Me pasaba los días en una hamaca, leyendo. Rand tenía una visión del mundo extremadamente lógica, por lo que sus obras reforzaron mi habilidad de pensar racionalmente. Luego, encontré un libro sobre la vida del matemático George Cantor, quien postuló que los infinitos tienen tamaño y jerarquía; y esto despertó en mí mucha curiosidad, pues me parecía imposible que a un ser humano se le ocurriese que puede existir más de un infinito y, para colmo, que esos infinitos tienen tamaños diferentes.

¿Cuándo se dio cuenta de su habilidad excepcional para los números?
No se trata de habilidad excepcional, sino de curiosidad. En la secundaria Zebulon Vance, tomé clases de Programación y Cálculo. En Cálculo, materia que me fascinó, encontré por primera vez el Problema de Basilea: determinar el valor exacto de la suma de los inversos de los cuadrados de los enteros positivos, cosa que el profesor y los alumnos no logramos resolver en el aula. Propuesto originalmente por Pietro Mengoli, fue resuelto en 1735 por Leonhard Euler: converge a π2/6. Me resultaba curioso que la suma de los inversos de los cuadrados enteros positivos fuese tan difícil de hallar por métodos convencionales; hasta que, con enorme alegría, encontré un libro que le dedica un capítulo entero a su solución. El único estudiante que le dio seguimiento al problema después de ese día fui yo. ¿Cómo podía olvidarme de una incógnita matemática tan sencilla y, al mismo tiempo, tan difícil de resolver en clase?

¿Qué se necesita para aprender matemáticas?
Es fundamental el apoyo familiar (fue mi tía Rosa quien me ayudó inicialmente); buenos profesores, como las estrellas que me dieron clases en la secundaria Zebulon Vance y en las universidades de Charlotte y Georgia; y tener claro que, por sus aplicaciones universales, los matemáticos cambiamos el mundo a cada minuto.

¿Cómo se sumerge usted en el mundo de la criptografía, las criptomonedas y la ciberseguridad?
Pasé 2006 y 2007 factorizando polinomios en la escuela, con intensidad y rigor extremos. Se trata de descomponer expresiones matemáticas en factores más simples. Ya en la universidad, aprendí factorización con métodos avanzados, lo cual me llevó a su aplicación en criptografía, criptomonedas y ciberseguridad. Tengo ya 20 años factorizando, académica y profesionalmente. Como dijo uno de mis magníficos profesores: “Lo más importante de las matemáticas es factorizar”.

¿Cuáles invenciones matemáticas ha realizado usted?
Mi logro público más destacado (hay muchos de los que no puedo hablar, por acuerdos de confidencialidad con la Agencia de Seguridad Nacional de EE. UU. e instituciones billonarias) es Factorn, un proyecto de cadena de bloques (“blockchain”) que permite la creación y la gestión descentralizada de mercancías, productos, servicios, consorcios, empresas e instrumentos financieros. Esta invención resolvió un problema criptográfico al que las matemáticas no habían encontrado solución y, por ella, recibí en 2022 un premio de US$100,000 por parte de Coinbase, plataforma de criptomonedas que opera en más de 100 países.

¿Cuáles aplicaciones prácticas tienen sus descubrimientos matemáticos?
Mis invenciones criptográficas tienen diversas aplicaciones en la banca, los fondos de inversión, las empresas privadas, las instituciones gubernamentales, las universidades y los equipos académicos de investigación.

¿Cuáles consejos daría a la juventud dominicana interesada en las matemáticas aplicadas a las Ciencias de la Computación?
Lo fundamental es tener una sólida red de apoyo familiar. Mis padres, Yilda Molina y José Bolívar Vargas, lo han dado todo para que yo estudie; y muchos en mi numerosa familia también han colaborado. Lo segundo es dejar fluir la curiosidad a través de la lectura y la investigación sobre el mundo que nos rodea; así como exponernos al pensamiento de mentes brillantes como las de Rand y Cantor. Lo tercero es contar con buenos profesores, con centros de estudios de calidad; y, no menos importante, colocarnos donde prestigiosas empresas e instituciones puedan vernos y apreciar nuestro talento.

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