Investigación y Opinión

La paradoja de la Gallup: entre el descontento social y la fabricación de popularidad.


Escuchando artículo…
0:00 / 0:00

Por: Giovanni Matos._

La más reciente encuesta Gallup-Diario Libre deja al descubierto una contradicción difícil de ocultar: mientras la mayoría del pueblo dominicano expresa frustración, incertidumbre y desconfianza sobre el rumbo del país, el oficialismo intenta proyectar una imagen de estabilidad y éxito político que no parece corresponder con la realidad cotidiana de la población.

Los propios números hablan por sí solos.

El 64.5% desaprueba el desempeño del gobierno en la reducción de la pobreza. El 62.9% define la situación económica como mala o muy mala, y apenas un 21.6% considera positiva la economía nacional. A esto se suma que el 55.9% entiende que el gobierno ha manejado mal el endeudamiento, mientras otro 55% considera deficiente la gestión de la seguridad ciudadana, en momentos en que la delincuencia y la criminalidad generan temor creciente en barrios y comunidades.

Es decir, la percepción general del país es negativa.

Sin embargo, en medio de ese escenario de descontento, aparece la otra cara de la encuesta: la construcción de una narrativa política favorable al presidente Luis Abinader y el posicionamiento acelerado de David Collado como figura estelar del oficialismo. No es casual que, incluso antes de revelar todos los resultados, ya se adelantaba que el turismo sería presentado como “la joya” de la gestión gubernamental, apuntalando directamente la imagen del ministro Collado.

Ahí nace la paradoja.

¿Cómo puede una población que desaprueba ampliamente la economía, la seguridad, la pobreza y el endeudamiento, al mismo tiempo sostener niveles políticos tan cómodos para el gobierno? La respuesta no parece estar únicamente en los números, sino en la manera en que se construyen, se presentan y se utilizan políticamente las encuestas.

Durante décadas, Gallup tuvo un peso importante en la opinión pública dominicana. Pero en la pasada campaña electoral ocurrió un cambio significativo: la representación de Gallup en el país pasó a sectores vinculados al oficialismo, mientras el periódico Hoy se desligó de sus publicaciones tradicionales. Desde entonces, las encuestas divulgadas han mantenido una línea consistentemente favorable al PRM y al gobierno.

Eso ha comenzado a generar cuestionamientos en amplios sectores de la sociedad, que perciben una especie de alianza mediática destinada no solo a medir la opinión pública, sino a influir sobre ella.

La estrategia parece clara: utilizar estudios de opinión para sostener artificialmente una narrativa de éxito gubernamental, aun cuando la realidad social refleje otra cosa. Pero las encuestas no sustituyen el precio de los alimentos, ni reducen la inseguridad, ni alivian la presión económica de las familias dominicanas.

El problema de intentar fabricar percepciones en medio de una crisis social es que la realidad termina imponiéndose.

La población siente el costo de la vida cada vez que va al supermercado; siente la inseguridad al salir a las calles; siente la desesperanza cuando el salario no alcanza. Y cuando un pueblo vive diariamente esas dificultades, difícilmente se deja convencer únicamente por cifras cuidadosamente presentadas en titulares favorables.

Por eso, cada vez más ciudadanos observan con escepticismo las encuestas que parecen diseñadas más para proteger figuras políticas que para reflejar honestamente el estado de ánimo nacional.

Porque la credibilidad no se decreta.

Y cuando la gente deja de creer en las mediciones, lo que entra en crisis no es solo una encuestadora, sino la confianza pública en quienes intentan manipular la percepción colectiva.

La vieja fórmula de “crear popularidad desde los medios” parece estar perdiendo fuerza. Como dice el refrán popular: ya la pava no pone donde ponía.

Salir de la versión móvil