Investigación y Opinión

Endeudamiento acelerado: deuda que pide transparencia


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Por: Máximo Calzado Reyes

La deuda pública no es solo una cifra fría colocada en los informes financieros del Estado. Por eso, cuando se habla del acelerado endeudamiento de la República Dominicana, se habla del dinero de los contribuyentes, de los servicios que podrían fortalecerse, de las obras que deberían concluirse y de las generaciones que mañana tendrán que responder por las decisiones tomadas hoy.

En una reciente publicación realizada en su cuenta de X, el reconocido abogado, consultor y líder empresarial Guillermo Julián Jiménez llamó la atención sobre una realidad preocupante: la deuda pública dominicana ya alcanza aproximadamente los US$82,790 millones, equivalente al 61.4% del Producto Interno Bruto. Según su planteamiento, la Ley de Responsabilidad Fiscal no ha logrado contener el ritmo de endeudamiento al que está siendo sometido el país.

El señalamiento no es menor. Solo la deuda del Gobierno central superaría los US$66 mil millones, igual al 49.3% del PIB, con un peso significativo de deuda externa. A ello se suma la deuda del Banco Central, estimada en más de US$16 mil millones. En consecuencia, los recursos públicos terminan destinados al pago de intereses, en lugar de orientarse a servicios esenciales, inversión productiva, salud, educación, seguridad ciudadana, e infraestructura. Lo más grave no es únicamente endeudarse, los Estados pueden acudir al crédito cuando existen razones justificadas. Sin embargo, el verdadero problema surge cuando la ciudadanía no sabe con precisión qué se hace con esos recursos. En ese sentido, Jiménez reclama algo elemental en toda democracia responsable: transparencia. No basta decir cuánto se tomó prestado; es necesario explicar para qué.

De ahí su propuesta de crear un “Tablero Ciudadano de la Deuda”, actualizado trimestralmente, donde cualquier dominicano pueda verificar el avance de los proyectos, el monto gastado y el impacto real de cada préstamo en la vida de la gente. En conclusión, la confianza pública no se construye con discursos, sino con claridad. El desarrollo sostenible no se alcanza pidiendo más dinero, sino administrando con eficiencia, responsabilidad y resultados medibles. La deuda de hoy solo será justificable si se convierte en progreso real mañana. De lo contrario, será apenas una factura pesada, heredada a un pueblo que merece saber, con verdad y sin maquillaje, en qué se está comprometiendo su futuro.

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