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Dietrich Mateschitz creo Red Bull: La bebida que fue rechazada por todos… y hoy patrocina hasta el cielo


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En los años 80, Dietrich Mateschitz, un austríaco común y corriente, viajaba por Tailandia como parte de su trabajo en una empresa de cosméticos. Estaba agotado. El jet lag lo tenía molido… Hasta que entró a una tienda local y probó una bebida tailandesa llamada Krating Daeng.

Minutos después, el cansancio desapareció como por arte de magia. Dietrich no lo sabía aún, pero acababa de probar la chispa que encendería una revolución energética.

En 1984, regresó a Austria, buscó al creador de la bebida tailandesa (Chaleo Yoovidhya), y le propuso una alianza: Vamos a llevar esta bebida al mundo… pero con otro nombre, otro sabor y otro envase.

Así nació Red Bull: una mezcla reformulada, en una lata delgada y con un branding agresivo. Pero había un problema…

Nadie quería venderla. Las cadenas de supermercados la rechazaban. Los distribuidores decían que sabía “raro”. Y los críticos decían: “¿Quién va a pagar tanto por una bebida tan pequeña?”

Pero Mateschitz tenía algo que ellos no: visión de marketing.

En lugar de vender la bebida… vendió una actitud. Creó campañas enfocadas en el deporte extremo, la adrenalina y los jóvenes rebeldes. Contrató estudiantes para repartir latas gratis cerca de universidades. Y luego vino el gran salto…

Red Bull comenzó a patrocinar eventos extremos, surf, motocross, acrobacias aéreas, saltos al vacío… Incluso en 2012, patrocinó el famoso salto estratosférico de Felix Baumgartner desde 39 mil metros de altura.

¿El lema?

“Red Bull te da alas.”

Hoy Red Bull no es solo una bebida… Es una marca de estilo de vida. Es energía, es aventura, es locura. Y pensar que todo empezó con un hombre cansado por el jet lag en Tailandia.

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