Ciencia y Tecnologia

Banca, abogacía, logística y ‘software’ ya advierten el impacto de la IA en el empleo


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La banca, los programadores de software, la logística y la abogacía encabezan el ranking de sectores más sensibles a la voracidad laboral de la Inteligencia Artificial (IA). En un sentido amplio, cerca de la mitad de los empleos de cuello blanco y la práctica totalidad de las actividades rutinarias que se realizan frente a un ordenador parecen condenadas al declive. También se espera una oleada de ajustes en otros ámbitos de alta automatización, como la atención al cliente, el personal administrativo, de gestión y contable, las cadenas de producción y los funcionarios de servicios fácilmente reemplazables por el software de nueva generación.

La consultora estratégica McKinsey aseguró en su informe «Agents, Robots, and Us: Skill Partnerships in the Age of AI», publicado el pasado noviembre 2025, que el 40% de los empleos actuales en EE.UU ofrecen un alto potencial de automatización, debido a sus abundantes tareas repetitivas. ¿Eso quiere decir que semejante porcentaje está condenado a ceder su actual trabajo a agentes de IA o robots? Sí, absolutamente. ¿Pero eso va a ocurrir de inmediato? No, nadie sabe ese plazo. La comunidad tecnológica asume que el sorpasso hombre-máquina va a ocurrir, pero por ahora desconoce cuándo se producirá. Al ritmo exponencial en el que avanza la IA, el escenario de destrucción de empleo podría acortar los plazos a ritmos vertiginosos. Además de los aludidos empleados de banca, programadores, asesores legales y operarios de la cadena logística, también existen decenas de colectivos con la guadaña laboral a pocos metros de la cerviz.

Los cajeros de supermercados, corredores de seguros y agencias de viaje igualmente corren el riesgo de engrosar las listas del paro en los próximos años. Curiosamente, la actividad laboral más difícil de caer ante el poder devastador de los algoritmos será la de peluquero. Y lo mismo ocurre con aquellas que precisan de una alta precisión manual, como cirujanos, dentistas o terapeutas del masaje. Así lo constata el consenso de los consultores sondeados por elEconomista.es, en un momento marcado por la irrupción de agentes de IA, capaces de realizar con un ordenador las tareas automatizadas que pudiera realizar cualquier usuario frente a una pantalla.

De puertas para adentro, los representantes de los colectivos profesionales consultados asumen «cierto impacto laboral», pero sin comprometerse a cuantificar los eventuales daños en el empleo.

Sobre la cicatriz laboral de la IA se pronunció el presidente del Gobierno desde India, para mostrarse partidario de crear salvaguardas capaces de afrontar «el impacto y los riesgos» que genera la IA en el mercado laboral y a nivel medioambiental. Al mismo tiempo, Sánchez destacó el impulso del Ejecutivo para incentivar la IA en los sectores público y privado «como resultado de una estrategia basada en la cooperación europea y el compromiso con la construcción de soberanía tecnológica, mejorar los servicios, reducir la burocracia y hacer más eficiente el Estado».

En el repaso de los verticales más débiles frente al reemplazo de personas por máquinas, la banca se sitúa en la primera línea de choque. Para encontrar un episodio comparable al que provocará la IA en la actividad bancaria minorista hay que remontarse varias décadas atrás, cuando se sucedieron oleadas de despidos masivos en el sector. Entonces, gran parte del personal que atendía en ventanilla tuvo que buscarse otra ocupación ante la eficaz competencia de los cajeros automáticos, solventes a todas horas en la expedición de efectivo.

Reconversión a la vista

Fuentes del sector apuntan que el impacto de la IA en el empleo de la banca podría reducir las plantillas un 15% en las principales entidades del país. Los empleos bancarios que podrían someterse a revisión serán los relacionados con el servicio al cliente (interno y externo), ahora orillados por la resolución de consultas a través de un chatbot. También aparecen en el punto de mira los profesionales de programación y codificación, si bien inicialmente se orientará la actividad de este personal a la generación de código nuevo a partir del lenguaje natural, ayudando a migrar el código heredado.

Las unidades jurídicas tendrán en la IA un poderoso aliado, una vez que los modelos «pueden ayudar a la unidad jurídica de un banco a mejorar el seguimiento de los cambios legales y regulatorios, el resumen de sentencias judiciales, el análisis del impacto de las cláusulas contractuales y la propuesta de nuevas cláusulas y condiciones».

El uso de algoritmos y analítica avanzada de datos lleva aplicándose desde hace meses en el control de la morosidad, pero siempre bajo la tutela de los profesionales, sin que se haya producido ninguna reconversión. En este ámbito, un reciente informe de KPMG apunta que entre el 6% y el 40% de las tareas diarias de los empleados de banca se realizarán con herramientas de IA generativa. «Lo rutinario se automatiza y los ejecutivos se enfocan en estrategia, innovación y gestión de relaciones», indica la firma. Además, las tareas de back office se perfilan como las más vulnerables, mientras que un 90% de los procesos podría delegarse en agentes de IA.

Un informe del Citi sitúa en el centro de la diana los «empleos bancarios», considerados como los más sencillos de sustituir por la IA. Según este banco, «las finanzas, en un mundo de agentes impulsados por IA, bots y más allá, probablemente se enfrentarán a cambios en todos los ámbitos: en términos de cuota de mercado, empleo y experiencia del cliente. A medio plazo, para 2030 o antes, los bots impulsados por IA desempeñarán un papel cada vez más importante en la banca y las finanzas».

Fuentes de la consultora de negocio Qaracter precisan que la «IA ya está impactando en métricas duras de productividad en banca». Sin embargo, «este avance no implica menos personas de forma automática, sino una reasignación de la carga de trabajo: disminuye el volumen de tareas repetitivas y gana peso el empleo cualificado en funciones críticas como gobierno del dato, supervisión de modelos, prevención del fraude, ciberseguridad, gestión del cambio y atención experta en casos complejos».

El sector financiero ha acogido con entusiasmo las nuevas tecnologías para incorporarlas en la mejora de sus tareas, y la IA no ha sido una excepción. «Estas innovaciones han desempeñado un papel fundamental en la remodelación de los procesos bancarios, permitiendo servicios más personalizados, optimizando la gestión de riesgos y mejorando la toma de decisiones», indica la EBA, la Autoridad Bancaria Europea, en un reciente documento. Ante las preguntas de la misma patronal a sus asociados, «la mayoría de los bancos no planean aumentar sus inversiones en IA generativa o no pudieron o no quisieron responder a esta cuestión. Esto podría reflejar incertidumbres persistentes sobre el valor estratégico a largo plazo de la IA generativa o indicar que los bancos aún están determinando el papel que desempeñará esta tecnología en sus estrategias de transformación digital».

Al margen de estas cautelas, la patronal bancaria reconoce los beneficios que la IA puede aportar al sector bancario de la UE en áreas como la elaboración de perfiles de clientes y transacciones con fines comerciales, la mejora de la precisión y la eficiencia en la segmentación de clientes, las iniciativas de lucha contra el fraude y el blanqueo de capitales, la optimización de los procesos internos, la calificación crediticia y las evaluaciones de solvencia, así como la modelización del riesgo crediticio regulatorio.

Al mismo tiempo, la EBA advierte de los desafíos y riesgos que exigen una gestión cuidadosa y pruebas rigurosas. Según explica, «los bancos han adoptado un enfoque mesurado. Y esto se deba a la necesidad de garantizar el cumplimiento de la legislación y al compromiso de garantizar que la IA se desarrolle de forma ética, alineándose con las normas regulatorias y las expectativas del público».

Nuevo ‘dolor’ de la abogacía

El Consejo General de la Abogacía Española y el Colegio de Abogados de Valencia han elaborado el denominado Libro Blanco sobre la IA y la abogacía, donde no se estima explícitamente el impacto laboral de esta revolución, pero sí se aborda la irrupción de «nuevos roles o la matización de los tradicionales». En estos casos los profesionales deben poner en valor el conocimiento jurídico, un activo diferencial, en un entorno donde la información legal se ha vuelto fácilmente accesible y progresivamente comercializada como commodity digital». En opinión de estos representantes, la capacidad de los profesionales «de contextualizar, interpretar y aplicar el Derecho seguirá siendo esencial, pero deberá articularse de forma cada vez más colaborativa y tecnológicamente informada».

Los analistas consultados por este periódico señalan que la logística verá cómo sus almacenes van sustituyendo a las personas por sistemas robotizados de clasificación y envío de mercancías, además de por sistemas de picking automatizado. A la vez, la digitalización de las factorías reducirá la necesidad de operarios en tareas básicas de carga, descarga, movimiento interno y preparación de pedidos.

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Por su parte, la industria del software será objeto de una gran rotación de perfiles, una vez que las tareas de programación quedarán en manos de la IA, con el consecuente fiasco laboral entre los desarrolladores de programas. No obstante, esos mismos profesionales tienen un amplio margen de empleabilidad en el mantenimiento y supervisión de los sistemas y agentes.

En un mundo cada vez más orientado hacia los dispositivos móviles, la Economía de las Aplicaciones se ha convertido en uno de los motores más dinámicos de crecimiento y generación de empleo en España. En este contexto, según apuntan fuentes de Progressive Policy Institute (PPI), el mercado laboral de desarrollo de software en España ya refleja esta tendencia: el 21% de las ofertas de empleos vinculados al sector tecnológico requieren habilidades relacionadas con la IA y el aprendizaje automático.

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Para averiguar cifras de los posibles damnificados basta con acudir a un informe de la OCDE (Job Creation and Local Economic Development 2024: The Geography of Generative AI), un documento que conviene interpretar con cautela al referirse al año 2024, casi una eternidad para el ritmo de desarrollo de la era del algoritmo. De acuerdo con estas fuentes, más de 1,3 millones de trabajadores españoles corren serio riesgo de perder el empleo en los próximos años por culpa de la IA. La conclusión se desgrana tras considerar que el 6% de los empleos en España será susceptible de desaparecer por la creciente automatización, sobre una ocupación actualizada total de 22,4 millones de trabajadores. Este porcentaje representa la mitad del promedio global, según la OCDE. «Pese a que la actividad laboral en España está más expuesta a la tecnología que en otros países, no todas las actividades productivas serán reemplazadas por máquinas, robots o agentes de IA», indica el organismo supranacional.

En el mismo sentido, un estudio de Randstad Research, publicado el pasado verano, situaba la cifra neta de empleos laminados por la IA en 2 millones, agujero que se compensará parcialmente con la creación de 1,61 millones de nuevos empleos vinculados a las oportunidades asociadas a la digitalización, como especialistas en datos e IA, mantenimiento de sistemas o ingenieros de prompting, por ejemplo. De esta forma, el saldo reduce la pérdida neta de puestos en 400.000 empleos.

Nuevas ocupaciones

Haya o no burbuja, los empleos que caerán a los pies de la IA se compensarán con las nuevas ocupaciones que propiciará la tecnología, ya sea entre quienes logren reconvertirse, quienes decidan subirse al carro de la IA a golpe de formación o mediante la irrupción de nuevas ocupaciones relacionadas con el análisis y gestión de datos, la ciberseguridad o el desarrollo de aplicaciones. Como ocurre en el resto de los países del Primer Mundo, los empleos más sensibles a la IA serán aquellos que realizan tareas repetitivas y, por tanto, las más fácilmente reemplazables por sistemas automatizados.

En cualquier caso, la preocupación laboral de los españoles ante el impacto de la IA resulta absolutamente residual. No hay rastro del asunto en el último barómetro del CIS, donde el paro aparece como la octava mayor preocupación, por detrás de la vivienda, los problemas de índole económica, el Gobierno y los partidos o la inmigración.

Fuente: infobai

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