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Que no quede en lo simbólico


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Ha sido muy celebrado el encuentro del presidente Abinader con los exmandatarios Leonel Fernández, Danilo Medina e Hipólito Mejía, y más de uno lo ha calificado de histórico y puesto como ejemplo de solidez institucional.

El tema abordado se puede decir que es de nación: la crisis migratoria con Haití, ideal e indiscutible para convocar en esta coyuntura a la unidad a todo dominicano que ame su país.

Se produjo una declaración de intención con cuatro puntos, el primero crear “espacios de trabajo conjuntos y bilaterales para una política nacional sobre Haití”, pretensión ambiciosa que quizá conspire para alcanzar resultados concretos, lo mismo que el número cuatro, igualmente general, sobre aprobar una política exterior unificada ante las implicaciones de la situación haitiana.

No es ser pesimista, pero talvez, por las diferencias manifiestas los días previos al encuentro hasta para concertar el lugar, y a que dos de las partes involucradas representan la principal oposición política, más que a la unidad acción, lo pactado se encamina a definir una estrategia de Estado.

Incluso, están los que opinaron en su momento que la declaración pudo ser más sencilla y práctica y limitarse a no más de dos puntos en los que haya coincidencia, como reivindicar el derecho soberano del país a regular su política migratoria y fronteriza y denunciar la indiferencia de la comunidad internacional.

Ese sería un buen punto de partida para una agenda más amplia, aunque anima el anuncio de aprestos para la convocatoria del Consejo Económico y Social, instancia donde se discutirían propuestas concretas, que es el tercero de los cuatro puntos; y ayuda que quedara establecido que Abinader sostendría encuentros bilaterales con los expresidentes, indicio de que se trascendería lo simbólico.

Hay que confiar en que lo acontecido en el Ministerio de Defensa no sea solo un gesto y abra puertas a convenios de largo alcance, como razona el mediador y consultor en negociación Nelson Espinal Báez, a lo que encontramos mucho sentido.

“La implementación garantiza que no se quede en discurso. Y es precisamente eso lo que esta reunión nos invita a considerar: la necesidad de formular, por primera vez de manera consensuada, una doctrina dominicana sobre Haití”, dice.

Ojalá se llegue a eso, pese a los justificados resquemores que generan los intereses coyunturales y político-partidistas que están de por medio.

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