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RESUMEN
Por Julio A. Ledesma Jurista.
El reciente incidente ocurrido durante un evento del partido Fuerza del Pueblo (FP), en el que un ciudadano, supuestamente vinculado al partido de gobierno (PRM), profirió graves insultos y agresiones verbales contra el expresidente y líder de la FP, el Dr. Leonel Fernández, ha puesto de relieve una preocupante fragilidad en los protocolos de seguridad de tan importante figura. Más allá de la condenable naturaleza de la agresión verbal, lo que resulta verdaderamente alarmante es la inercia con la que, según los reportes, actuó el equipo de seguridad del líder.
El suceso, que en la jerga popular se describe con la gráfica frase de que la seguridad «se quedó como un merengue sin letras» es decir, inerte, pasiva e irrelevante, evidencia una peligrosa falta de previsión y una alarmante irracionalidad en la respuesta operativa. La pasividad ante una escalada verbal, en un contexto político cargado, no solo es un fallo de procedimiento, sino una invitación abierta a consecuencias más graves.
De la Agresión Verbal a la Vulnerabilidad Física
Como jurista y ciudadano preocupado por la estabilidad democrática y la integridad de nuestros líderes, debo señalar que la agresión verbal en un evento de esta naturaleza no es un hecho aislado o un simple exabrupto. En el marco de la polarización política actual, la ofensa verbal es, frecuentemente, el preludio de la agresión física.
La inacción del equipo de seguridad ante la cercanía y la virulencia del agresor crea un precedente nefasto. El ciudadano, al ver que su arrebato verbal no encontró contención inmediata y profesional, pudo haber sentido la plena facilidad para escalar la agresión a la esfera física. La línea entre un insulto y un empujón, o incluso un ataque con un objeto contundente, es peligrosamente delgada, y la función primordial de un equipo de seguridad es precisamente garantizar que esa línea nunca se cruce.
Si el entorno de seguridad permite que un individuo se acerque lo suficiente para proferir palabras crueles y amenazantes sin ser neutralizado o alejado de manera expeditiva, se ha fallado en el primer y más básico nivel de protección: el control del perímetro y la gestión proactiva de la amenaza. El cuerpo de seguridad de un expresidente y principal líder de la oposición debe operar bajo la premisa de «prevenir antes que lamentar». Cada segundo de inercia multiplica el riesgo exponencialmente.
Un Asunto de Estado y Liderazgo Político.
La seguridad de un líder político de la envergadura del Dr. Fernández, sea del partido que sea, no es solo un asunto interno de la FP; es una cuestión de seguridad nacional y de calidad democrática. El clima de respeto y civilidad en el debate político se erosiona cuando se percibe que la integridad de los líderes no está adecuadamente garantizada.
Este incidente debe servir como un campanazo de alerta. Exige una revisión inmediata y exhaustiva de los protocolos de seguridad del Dr. Fernández. La seguridad no puede ser un «merengue sin letras», sino una partitura bien orquestada, donde cada agente conoce su rol y actúa con la máxima racionalidad, firmeza y profesionalidad ante cualquier indicio de amenaza.
El mensaje que queda en el ambiente es preocupante: la vida y la integridad del líder de la Fuerza del Pueblo estuvieron, por un momento, a merced de la irracionalidad o la alegría agresiva de un ciudadano con posibles motivaciones políticas. Es imperativo que se tomen medidas correctivas para asegurar que un fallo de esta magnitud no se repita, garantizando que la seguridad del Dr. Leonel Fernández sea un escudo impenetrable y no una simple formalidad coreográfica. La democracia dominicana merece el respeto y la protección de todos sus actores, sin excepción.

