Editorial

Otra vez Neyba y Barahona sin agua… ¿hasta cuándo?


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En pleno siglo XXI, todavía hay comunidades en el sur que abren la llave… y no sale ni una gota. Desde Cabral, en Barahona, hasta El Salado, en Galván, provincia Bahoruco, la realidad es la misma: no hay agua para cocinar, limpiar, ni para bañarse. Un drama diario que golpea los hogares más humildes.

El Instituto Nacional de Agua Potable y Alcantarillados (INAPA) ha reducido drásticamente el suministro hacia la planta del Acueducto Regional del Suroeste (Asuro), y con ello, ha dejado a miles de familias con las manos vacías. Hace ya más de dos semanas que se anunció esta reducción del caudal, y desde entonces, el racionamiento se ha vuelto una tortura silenciosa para barrios enteros.

Lo más indignante es que, una vez más, el sur profundo es el gran olvidado. ¿Cómo se explica que, después de tantas lluvias en el país, sigamos sufriendo por agua? ¿Cómo es posible que comunidades como Fondo Negro, en Barahona, hayan pasado más de 20 años sin agua regular… y hoy estén reviviendo esa pesadilla?

El agua potable no es un lujo, es un derecho. Así lo dice claramente el artículo 147.2 de nuestra Constitución: el acceso al agua debe ser universal, continuo, razonable, eficiente y equitativo. El Estado tiene la obligación de garantizarlo, sin excusas.

Por eso, la pregunta sigue doliendo en el pecho de la gente: ¿Qué está pasando con el agua en Neyba, Barahona, Galván? ¿Hasta cuándo esta espera injusta? Exigimos que INAPA cumpla su rol y restablezca de inmediato este servicio vital para la salud, la higiene y la dignidad de nuestras familias.

Ojalá no tengamos que esperar otros 20 años para ver fluir el agua en nuestras casas. El sur ya ha esperado demasiado.

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